Bajo tratamiento
1997 – 1999

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Al invertir nuestro tiempo frente a los desproporcionados dípticos de Jusidman, queda en evi – dencia que él ha pasado mucho más tiempo haciendo lo mismo, es decir, observando a los personajes de sus retratos en un intento honesto de discernir lo que pudieran estar vislum – brando. Al ubicarse en el nivel de cualquier otro espectador, el pintor transforma el reveren – ciado y anticuado triunvirato de artista-obra-espectador (creador-creación-intérprete) en un menos idólatra y más flexible escenario, donde el significado no se origina en un punto su – premo sino que gradualmente escurre hacia los espectadores comunes. En el riesgoso arreglo escenificado por estos trabajos —más contemporáneo, menos predecible—, cada obra gravita, inaccesible, sobre el artista y el espectador; ninguno se en cuentra en posición de conocer la verdad del asunto. El arte no hace más el papel de suplente, de traducción defectuosa ante las intenciones idealizadas del creador. En cambio, aquí el arte es sólo una parte adicional del mundo visible, parte frecuentemente confusa, desconcertante y extraña, cuya particularidad puede ser cotejada por quien tenga la suficiente curiosidad para indagar acerca del carácter es – curridizo de la realidad y de su incompleta asimilación por parte del conocimiento humano.
David Pagel, Fuera del cuadro, 1999

Mirar, categorizar, describir son operaciones distintas pero interdependientes. Si bien en nues – tra rutina acostumbramos a deslizarnos entre una y otra, sus relaciones se vuelven manifiestas en la práctica pictórica y en su interpretación. Quisiera que el público se aproxime a estos dípticos a partir de las relaciones tejidas entre la minuciosa pero retraída presencia de los pa – cientes retratados, la información clínica que de ellos tenemos y las pinturas reproducidas en los libros que escogieron. La traducción a pintura de la fotografía del personaje nos aleja de éste, pero aumenta nuestro interés por inspeccionar el resultado. Las reproducciones de los li – bros recuperan su estatus pictórico, a pesar de verse todavía más distanciadas del original. El cuadro diagnóstico que acompaña es materialmente una pintura, pero su contenido textual es indiferente a ello, y, sin embargo, altera nuestra percepción del conjunto en cuanto pintura. A su vez, estos desplazamientos resuenan entre sí, de modo que se activa, espero, una compleja red de lecturas, la cual mantiene ocupado al espectador en un incesante ir-y-venir.
—Yishai Jusidman